Película sobre el Papa Francisco

Apoyado en las buenas actuaciones de Darío Grandinetti, quien hace de Bergoglio en la adultez, y de la actriz española Silvia Abascal, este film producido por Pablo Bossi...

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Apoyado en las buenas actuaciones de Darío Grandinetti, quien hace de Bergoglio en la adultez, y de la actriz española Silvia Abascal, este film producido por Pablo Bossi y Eduardo Giana no desentona con la historia oficial de Francisco, aunque tampoco se mete de lleno en la vida del ex Arzobispo de Buenos Aires.

Basado en el libro “Francisco, vida y revolución” de la periodista argentina Elisabetta Piqué, “Francisco. El Padre Jorge” narra la relación que la periodista española Ana, quien también escribe una biografía del Papa, genera con Bergoglio a raíz de un encuentro casual en un tren en Roma.

Un momento de crisis profesional y las presiones de su pareja para que Ana aborte, muestran a una periodista vulnerable que abre las puertas a una relación de amistad con Bergoglio, tras la elección de Joseph Ratzinger como Papa en 2005.

La primera mitad de la película, sobre la adolescencia y la vida en el seminario del Padre Jorge, cuenta como narradora a la misma Ana mientras recorre Buenos Aires, sin usar escenografía y en escenarios naturales, realizando entrevistas para su libro.

Así, la periodista española visita la Basílica San José de Flores (donde Bergoglio encontró su vocación de cura), la Catedral de Buenos Aires y otros puntos típicos, los cuales se unen con los diferentes sucesos de un joven Jorge, protagonizado por Gabriel Galliccio, cuya sonrisa es un calco de la del Papa.

De esta forma, Docampo Feijóo da a conocer la primigenia vocación de Bergoglio por estudiar medicina y la desilusión de su madre (Laura Novoa) cuando elige meterse en el seminario, luego de leer un libro de San Francisco de Asís, regalado por su abuela (Leonor Manso).

Siempre sensible a las necesidades de los más pobres, Jorge ingresa al Colegio Máximo y a sus estudiantes les da el mandato de siempre darle de comer, bañar, vestir y encontrar una familia para los chicos que se acercaran en busca de ayuda.

“Por más que se mandaran algunas macanas, los chicos siempre volvían por el Padre Jorge”, dice Luis (Jorge Marrale), un ex seminarista amigo de Bergoglio, en uno de los reportajes para el libro de Ana.

Desde que llegó a Papa, la relación del ex Arzobisto con la dictadura militar estuvo envuelta por la polémica entre la investigación del periodista Horacio Verbitsky, quien lo acusó por su inacción ante el secuestro de dos sacerdotes, y la defensa de su figura por personas como la exjueza Alicia Olivera.

La película, lejos de este debate, muestra a un periodista (Alejandro Awada), quien, irritado, se pelea con su colega española, cuando esta defiende a Bergoglio ante las acusaciones por la supuesta complicidad con la dictadura militar.

Ese presunto rol es echado por tierra en el guión de Docampo Feijóo, pese a que en la actualidad hay documentos que apoyan tanto la teoría del periodista de Página 12 como la que defendió la exjueza, fallecida en noviembre pasado.

Párrafo a parte merece la fotografía del reconocido director vasco Kiko de la Rica, ganador del Goya en 2013 por “Blancanieves”, quien con el uso de luces direccionadas y sombras, generó un ambiente de intimidad, que resalta a los personajes.

Otra gran apuesta saldada en la imagen fue la recreación de la Buenos Aires de la década del 50, con un vestuario y peinados acorde, destacándose el paso del tranvía por la calle Emilio Mitre de Caballito y el uso de las fachadas del barrio inglés, que se encuentra tal cual desde su fundación en los años 30.

Además, la reproducción de la Capilla Sixtina, en un estudio de Madrid, también resultó tener un gran parecido con la original del Vaticano, aunque en ningún momento se realiza un plano detalle sobre los frescos de Miguel Ángel.

Rodada entre Buenos Aires, Madrid y Roma, las villas miseria porteñas toman un rol primordial para contar esta historia, mostrando a Bergoglio caminando entre el barro y los pasillos, recibiendo los saludos y el cariño de los habitantes.

Otro punto a destacar es la participación de los actores de la Villa 21 (donde rodaron durante 5 días con la colaboración de 30 habitantes), quienes lejos de amedrentarse ante las cámaras se adaptaron sin inconvenientes a las improvisaciones que un actor de trayectoria como Grandinetti propuso en el rodaje.

“Francisco. El Padre Jorge” aparece como una correcta película que suple la condescendencia de la historia oficial con la emotividad de la figura papal y su relación de cercanía y cariño con las villas de Buenos Aires.

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